27 de DICIEMBRE de 2016.-
Evangelio según San Juan, capítulo 1, 20, 2 -
GRACIAS SEÑOR, POR REGALARNOS UNA MADRE
EN LA TIERRA Y OTRA EN EL CIELO
.Meditación Lucas Del Villar Montt
"Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó."
El Señor parece decirnos: "El misterio de mi nacimiento en Belén y de mi resurrección de la muerte en cruz encierran no sólo la ley fundamental de este mundo, sino que también el secreto de la muerte, que es el sentido de la vida misma. Vine a este mundo desde el seno del amor incondicional que Dios profesó a una sencilla mujer de Nazareth. Y entregué la vida al Padre en la unidad y amor de la misma mujer. La historia de salvación, en consecuencia, se escribe por la fe de una mujer que en su sencillez fue capaz de engendrar, educar, cobijar, trasformar y entregarlo todo por amor."
La muerte del Señor fue presenciada por su madre, la Virgen María. Ella lo amo desde antes de su nacimiento y lo acompañó durante toda su vida, incluso en la cruz. Esa misma intimidad con su Madre nos regala Jesús en la cruz. A Ella la acompañaba solo Juan, el primo y discípulo más joven, el discípulo – según el decía- predilecto del Señor ¿He aprovechado verdaderamente ese inmenso regalo, garantía de fidelidad y de unidad con Él? ¿Soy como Juan, un responsable por la Madre de Jesús? ¿Me la llevo a mi casa y a mi vida conmigo?
Señor, pocas veces vemos tan claramente que nuestra misión en este mundo no será alcanzar altas cumbres ni liderar revoluciones sociales, simplemente será transformarlo desde lo más pequeño. Transformarlo desde nuestro propio sentir, abriendo nuestro corazón con alegría y servicialidad al llanto acallado por el cariño de una madre y apreciar al extraordinario poder trasformador de ese amor. Gracias Señor por regalarnos una madre en la tierra y otra en el cielo. Amén
Fuente Schoenstattvivo
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