Por Víctor Rey

América Latina se encuentra en una coyuntura caracterizada por lastensiones que emergen entre la necesidad de transformaciones políticasradicales, la atención a demandas urgentes en todos los ámbitossociales y las luchas ideológicas que entran en juego para responder a estos procesos. Es en este contexto donde las iglesias cristianas –tanto católicas como evangélicas- han cobrado una significativa visibilidad como agentes centrales en la toma de posicionamientos y en los procesos de diálogo dentro del espacio público.
En este sentido, se ha instalado la idea de que dichas expresiones religiosas responden de manera homogénea a un conjunto de cosmovisiones, definidas como fundamentalistas, de derecha, conservadoras o tradicionalistas. Lamentablemente, estas etiquetas tienen mucha razón de ser. Mientras históricamente han guardado silencio frente a temas de tal relevancia social como son la pobreza, la violencia, la violación de derechos humanos, entre otras problemáticas que afectan al desarrollo de la región, sí lo han hecho para cuestionar leyes vinculadas a la igualdad de género, al aborto y la educación sexual, a través de discursos pseudo-teológicos y con un nivel preocupante de argumentación. Esta diferenciación pone en evidencia las prioridades y los elementos centrales en la agenda social de un sector mayoritario de iglesias cristianas.
En este sentido, se ha instalado la idea de que dichas expresiones religiosas responden de manera homogénea a un conjunto de cosmovisiones, definidas como fundamentalistas, de derecha, conservadoras o tradicionalistas.
Lamentablemente, estas etiquetas tienen mucha razón de ser. Mientras históricamente han guardado silencio frente a temas de tal relevancia social como son la pobreza, la violencia, la violación de derechos humanos, entre otras problemáticas que afectan al desarrollo de la región, sí lo han hecho para cuestionar leyes vinculadas a la igualdad de género, al aborto y la educación sexual, a través de discursos pseudo-teológicos y con un nivel preocupante de argumentación.
Esta diferenciación pone en evidencia las prioridades y los elementos centrales en la agenda social de un sector mayoritario de iglesias cristianas.



Quienes suscribimos a esta declaración representamos un conjunto
de organizaciones religiosas que no se identifica con esta visión, y afirmamos contundentemente
que otra fe y otra política son posibles
para América Latina, a partir de una propuesta radicalmente distinta.Sostenemosque
como cristianos y cristianas podemos ser coherentes con nuestra creencia perodesde
un compromiso socio-político distinto, a favor de la justicia, la inclusión, la
equidad y la igualdad.
De aquí, declaramos que:
1.
El cristianismo, así como
toda expresión religiosa, no puede ser definido como un cuerpo homogéneo de
creencias sino debe ser comprendido como un marco donde entran en tensión
diversas interpretaciones que dan cuenta de la pluralidad de experiencias y
posicionamientos ideológicos de quienes suscriben a ella. En esta dirección, nadie
puede adjudicarse de modo absoluto y clausurado una interpretación del texto
bíblico, una definición de lo propiamente cristiano oun modo de vivir la
espiritualidad,menos aún con el objetivo de legitimar un posicionamiento
político particular.
2.
Cualquier voz –sea religiosa o
de otro tipo de expresión- no puede adentrarse al diálogo público planteando
que su especificidad identitaria cuenta con un estatus de superioridad frente a
otras, menos aún en términos religiosos. Este tipo de discurso imprime un inconcebible
y reprochablepunto de partida teológico que vulnera el acercamiento al Otro
como principio fundamental para la facilitación de un espacio de diálogo
democrático.

3.
Es posible, y hasta un deber,
apoyar los diversos procesos de ampliación de derechos, de lucha por la
inclusión y de reclamo por el respeto de los derechos humanos -entre otros
elementos que forman parte de una agenda política críticay democrática-desde un
cristianismo que prioriza la pluralidad frente a la clausura dogmática, la
inclusión frente a la pertenencia institucional y el amor radical frente a la
violencia que genera la absolutización de una particularidad.
4.
Las experiencias de
espiritualidad, las comunidades religiosas y los discursos teológicos constituyen
espacios y procesos de suma importancia para la cimentación de nuevos
imaginarios y prácticas socio-políticas, desde una perspectiva democrática,
inclusiva y justa. Por ello, instamos a diversos agentes sociales, cuerpos
políticos y a la opinión pública en general a indagar en torno a otras
experiencias, otras prácticas y otros discursos religiosos dentro del
cristianismo, que se presentan heterodoxos y desde los “márgenes” de las
prácticas oficiales o tradicionales, en pos de conocer y reflexionar en torno a
un innumerable conjunto de vivencias alternativas que pueden ser incluidas como
un aporte fundamental a la construcción de procesos
democráticos.
Adhieren a esta declaración:
·
Grupo de Estudios
Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (Argentina)
·
Federación Universal de
Movimientos Estudiantiles Cristianos en América Latina y el Caribe (FUMEC ALC)
·
Novos Diálogos (Brasil)
·
Universidad Bíblica
Latinoamericana (Costa Rica)
·
Centro Diego Medellín (Chile)
·
Comunidad Cristiana
Mesoamericana (CCMSan Salvador)
·
Rede FALE (Brasil)
·
Fraternidad Teológica
Latinoamericana (FTL)
·
Comunidad Teológica de México
(México)
·
Comunidad Pentecostal
Dimensión de Fe (Argentina)
·
Comunidad de Educación
Teológica Ecuménica Latino Americana y Caribeña (CETELA)
·
Projeto Rosa Leão (Brasil)
·
Movimiento de Estudiantes Cristianos de Chile (Chile)
·
Red Universitaria Distrito Central Asambleas de Dios
(Colombia)
·
Centro Latinoamericano
Ecuménico de Educación y Cultura Ambiental(CLADECA)
·
Comunidad de Reflexión y
Espiritualidad Ecuménica (Chile)
·
Centro de Estudios del
Consejo de Iglesias de Cuba (CECIC)



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