2 de febrero de 2017
Evangelio según SanLucas, 2, 22 – 40
Fiesta de la Presentación del Señor y la Purificación de Nuestra Señora o Fiesta de la Candelaria
Meditación de Philippe Morizon Rubio
Es como si Jesús nos dijera: Yo no soy un Dios disfrazado de hombre. Mi Padre quiso que yo naciera y creciera como hombre, asumiendo en plenitud mi condición humana, excepto por el pecado. Tal como ustedes, aprendí a reírme, a enojarme, a pasarlo bien con mis amigos, y como a todos, también me corrigieron mis errores en la casa para educarme. Nunca olviden que yo soy como ustedes, conozco las alegrías, las dificultades y las contradicciones de la vida. Y créanme, quiero estar con ustedes en cada uno de esos momentos.
A veces me cuesta hacer oración porque me siento ridículo explicándole al Señor las tonteras que hago. Tiendo a racionalizar en exceso, como si Él no fuera capaz de entender mi debilidad. Pero hoy Jesús me recuerda que Él asumió no sólo su propia humanidad, sino también la mía. De modo que con el Señor y con María debo perder la vergüenza a la incomprensión, ya que sin duda ellos conocen mucho mejor que yo los desafíos de ser hombre.
Señor, me pongo de rodillas ante la imagen de tu sagrada familia. Te veo a ti como un niño y pienso en todas las experiencias de alegría y de dolor que debiste haber vivido junto a tus padres. Y desde aquí te alabo y te doy gracias, porque nunca renegaste de tu propia humanidad, sino que la abrazaste y la amaste. Dame a mí también el regalo de amar más mi propia humanidad, con el fin de perfeccionarla y de despertar con más fuerza mi amor por los demás. Te lo pido a ti, que vives y reinas junto al Padre, María y José. Amén

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